Manifesto de Pietro Annigoni — 'Pittori moderni della realità'



Admiro la pintura de Pietro Annigoni, y al encontrar su manifiesto lo he traducido con la esperanza de encontrar algo que aprender. Si bien no soporto los manifiestos ni puedo estar de acuerdo con todo lo que dice, me parece muy interesante que en 1947 estuviese el ambiente tan caldeado en Italia en contra del arte abstracto.

Me parece igualmente relevante que, en casi todas las épocas, muchísimos artistas catastrofistas piensen que están en la cresta del apocalipsis humanista. Una revisión histórica del fenómeno nos confirma que se han hecho —y se seguirán haciendo— cosas maravillosas, a la par que horribles. Pensar que antes se hacían las cosas mejor es un sesgo cognitivo producto del revisionismo que únicamente considera lo bueno como representativo del pasado, obviando que lo malo no ha pasado a la historia por esa misma razón. Por ejemplo: la mayoría de castillos medievales eran de madera, y sin embargo todos pensamos que eran de piedra, pues éstos son los únicos que han sobrevivido. Ocurre de igual manera en el arte: lo bueno permanece y lo malo no trasciende, lo cual no significa que únicamente se hicieran cosas buenas.

Dicho esto, opino que los manifiestos son un síntoma de debilidad y de politización del victimismo, un esfuerzo por institucionalizar un sentimiento de lucha más allá del verdadero terreno de juego: el pictórico.

Annigoni fue uno de los pintores más brillantes del siglo XX y no necesitaba manifiesto alguno para reivindicar su pintura, sin embargo os dejo esta curiosidad para que le echéis un vistazo.


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Manifesto de los ‘Pittori moderni della realità.’
Presentado en una exposición en la ‘Galleria dell’Illustrazione Italiana.’
Milán, Italia. Noviembre de 1947.

Nosotros, los ‘pintores modernos de la realidad’ nos hemos reunido en hermandad para mostrar nuestras obras al público.

En favor de la compresión con la que el público nos ha acompañado y apoyado nuestros esfuerzos durante los últimos años, estamos convencidos de la necesidad y conveniencia de esta exposición, además de tener la certeza de estar en el buen camino.

Estamos unidos con nuestra fuerza, nuestra fe, nuestros ideales y nuestra absoluta estima mútua. A diferencia de la escuela de París, nacida en Francia pero representativa de una tendencia universal decadente, nuestro arte nacido en Italia representa un acontecimiento de esperanza y de salvación para el arte, y esta exposición pretende ser una primera contribución efectiva a esta lucha que está a punto de inflamarse.

No nos interesa ni nos conmueve la llamada pintura «abstracta» o «pura», concebida por una sociedad decadente, la cual está refugiada en ella misma y vacía de cualquier contenido humanista, en la vana esperanza de hallar sustancia en sí misma.

Repudiamos la pintura contemporánea desde el postimpresionismo hasta la actualidad, considerándola la expresión de una época de falso progreso y reflejo de la grave amenaza que se cierne  sobre la humanidad. Por el contrario, nos reafirmamos en los valores espirituales y morales sin los cuales la pintura se convertiría en un ejercicio estéril.

Queremos que la pintura sea moral en su esencia más íntima, en su propio estilo, una pintura que en uno de los momentos más débiles de la historia humana debe ser llenado con la misma fe en el hombre y su destino, aquella misma que engrandeció el arte de tiempos pasados.

Nos recreamos en el arte de la ilusión de la realidad, la semilla eterna y primordial de las artes figurativas.

No nos encomendamos a una mera evocación del pasado, simplemente continuamos la misión de pintura verdadera, aquella que es imagen de un sentimiento universal, aquella que puede comprenderse por muchos y no únicamente por «los sofisticados.»

Mucho antes de nuestro encuentro, cada uno de nosotros tuvo una sentida y profunda necesidad de investigar la naturaleza, y ese fue el hilo conductor el que nos permitió hallar la verdadera naturaleza en este laberinto de escuelas que se han multiplicado en este último siglo.

Cada uno de nosotros ha abordado la realidad por sí mismo, la primera y eterna fuente de la pintura, seguros de encontrar en ella la expresión propia.

Frente a un nuevo academicismo o convencionalismo, formado por vestigios de fórmulas cubistas y una sensualidad impresionista estandarizada, nosotros mostramos una forma de pintar que, sin atender a modas ni teorías estéticas, se esfuerza por expresar nuestros sentimientos a través de un lenguaje propio, acorde con cada temperamento, desde la mirada directa de la realidad.

Firmado por: Pietro Annigoni, Antonio Bueno, Xavier Bueno, Gregorio Sciltian.